La reina de corazones

18 noviembre 2008 at 23:50 (Uncategorized)

republicaCierto es, tenemos libertad de pensamiento, y no libertad de expresión. Hoy leí, gracias Karla, un pequeño texto de Pascual Serrano, titulado “Que hable Sofía” y publicado hace dos semanas, a cuento de la publicación (valga la redundancia) del desgraciadamente archifamoso libro de Pilar Urbano. En síntesis, y yo estoy completamente de acuerdo, dice que con este tipo de acciones -como las declaracione tan “polemicas” de la reina- se desvía la atención, sobre todo de la izquierda, del asunto principal, que es la monarquía en sí misma.

¿Pero es que acaso no tiene derecho la reina, como todo ciudadano,a expresar su opinión individual? Se ve que no. Pero yo, como tantas otras personas, quiero que lo tenga. Es más, quiero que la reina sea una ciudadana más, con derecho a expresar sus opiniones y sin derechos de cuna. Porque ya nadie se cree que un buen día bajó Dios del Cielo y tocó a un afortunado diciendo:”Tú reinarás”. Porque sabemos que no corre sangre azul por sus venas; y si los propios reyes no lo creen ¿por qué no prueban a cortarlas?. Porque han sido impuestos y no elegidos, queremos (y pese a las distracciones lo seguimos reivindicando) que los reyes -y las reinas- queden relegados a los cuentos y a las historias, pues nunca debieron salir de allí. Es necesario pensar en tres colores.

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Libertad de expresión

17 noviembre 2008 at 0:01 (Uncategorized)

¿Qué es la libertad de expresión? ¿Es un derecho? ¿Un privilegio? ¿Una libertad que se puede ejercer según a dónde vayas, según quién mande, y según lo que quieras expresar???

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Sin tiempo

14 noviembre 2008 at 21:46 (Uncategorized)

-Te devoraré -dijo la pantera.

-Peor para ti -replicó la espada.

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Un mundo feliz: ¿Una opción real?

13 noviembre 2008 at 16:00 (Uncategorized) ()

<<Ante la perspectiva de una sociedad perfecta, la salida es el suicidio.

Con esta afirmación pretendo comenzar este texto, ya que esta frase resume en pocas palabras las sensaciones que Un mundo feliz ha dejado en mi mente, convertida ya antes de la última página (y casi desde le comienzo) en un hervidero de ideas.

Voy a partir del postulado de que la sociedad perfecta ya existe como idea, como algo “en potencia”, para continuar preguntándome a costa de qué privaciones se puede conseguir. Tomemos la sociedad perfecta, el mundo feliz, como un Estado en el que no existe la pobreza, el hambre, la vejez, el sufrimiento… la infelicidad. ¿Estaríamos realmente dispuestos a sacrificar nuestra capacidad de decisión, nuestra libertad, lo que venimos llamando nuestro pensamiento libre y nuestra identidad individual con el fin de extender en el mundo una suerte de monotonía que para nosotros se asemeje a la felicidad? Puedo contestar que millones de personas lo harían, sin ninguna duda. Y esa sociedad estaría creada precisamente para ellos, para sus conformismos, para sus aspiraciones a la tranquilidad y a la estabilidad.

Basada en las teorías freudianas (se toma el año de nacimiento de Freud –Ford– como partida de esa civilización), la sociedad que nos presenta Huxley es totalmente aséptica, tanto en el terreno físico como en el emocional.

Se suprimen las relaciones paterno-filiales creando individuos in vitro copiados genéticamente por centenas, se controla el proceso de desarrollo fetal para la creación de castas sociales que predeterminan el destino del individuo, se controla el pensamiento moral del individuo mediante un proceso denominado hipnopedia, que lógicamente quita todo resto de individualidad en las opciones, gustos y acciones de las personas, condicionándolas al consumo para mantener la estabilidad social. ¿El resultado? La gente es feliz. Crean una masa social que prima sobre la individualidad; esto es aceptado por todos. Cada individuo, según su casta (Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones), desenvuelve un rol social y un trabajo para los que está ya seleccionado de antemano, y de los que se puede evadir tomando la droga sintética perfecta, creada y patrocinada por el Estado Mundial.

Pero hay ciertos individuos que no siguen las pautas establecidas, como Bernard Marx, y es realmente interesante la solución que este Estado emplea con sus disidentes. Podríamos pensar en su simple eliminación, como se ha venido haciendo históricamente hasta nuestros días, pero no: la solución es la atractiva oferta de retirarse a una isla con los demás individuos que han tomado conciencia de, valga la redundancia, su individualidad o acatar la sociedad establecida y gozar de buen rango en el mundo que ya conocen.

Así, se nos presentan varios tipos de personajes: Bernard Marx adquiere conciencia de su individualidad a través de la frustración que le produce el no parecerse físicamente a los de su casta. Lenina Crowne es el modelo ideal de comportamiento social de una persona después de haber pasado por el proceso de hipnopedia durante su infancia y adolescencia; se adapta perfectamente a los requerimientos de la sociedad en la que vive. El Salvaje, John, es un individuo que pasa de amar en la distancia una sociedad que no conoce –por la marginación que sufre en la que ya conoce– a odiarla de tal modo, después de conocerla, que se ve abocado al suicidio. Estas son las tres tipologías de personaje esenciales que aparecen en la novela, que de todas formas podrían ser ampliadas con más detalle en estudios más extensos. Cabe mencionar aquí la visión que emana el libro de la función de los periodistas futuros, pues son ellos, como paparazzi, los causantes de que el Salvaje se suicide por tanto acoso mediático, evocando casos mundialmente conocidos que han ocurrido muchos años después de la publicación del libro, lo que significa que la visión de Huxley fue realmente futurista.

Un concepto interesante, por otra parte, es el del Sucedáneo de Pasión Violenta, que son “chutes” periódicos y controlados de adrenalina en el organismo de los individuos, un “equivalente fisiológico completo del temor y la ira”, por lo que éstos no se sienten llevados a ningún tipo de riesgo y esto contribuye a la estabilidad de la sociedad (recordemos que el lema del Estado Mundial es Comunidad, Identidad y Estabilidad), como le explica Mustafá Mond a John el Salvaje, antes de que éste parta hacia el que será su último y mortal retiro.

Este tipo de sociedad super-controlada que se nos presenta en el libro tiene muchos puntos en común con la novela 1984, de Orwell, publicada 17 años después (1949). Esto es interesante desde el punto de vista de que consideramos las posibles sociedades futuras extremistas y anti-individualistas, y cuanto mayor grado de tecnología nos imaginamos en ellas, tanto más es el control que pensamos va a ejercer el Estado sobre las personas. Se da por hecho, tanto en una como en otra novela, la ocultación o destrucción de la Historia precedente a ese nuevo Estado, el sometimiento absoluto de las masas, que no se plantean este sistema; en ambas obras, los protagonistas son excepciones a esa regla de sometimiento y por una u otra razón se plantean el significado de lo que les rodea y a causa de ello pasan a ser una parte marginal de la sociedad; también podemos destacar la coincidencia en las premoniciones de fracaso del liberalismo económico actual y de los sistemas capitalistas en aras de un Estado totalmente intervencionista (podríamos decir una forma de socialismo extremista) tanto en lo económico como en lo personal; encontramos que, en ambos sistemas hipotéticos, se han preservado e impulsado las castas sociales, diferenciadas de una manera mucho más nítida, pues el papel de cada uno viene asignado desde el momento en que uno comienza a existir.

Cierto es que hay dos diferencias insalvables: en Un mundo feliz las figuras paternas han sido suprimidas completamente, debido a las bases freudianas del sistema; y, con el condicionamiento hipnopédico, no son ya necesarias las cámaras de las que se sirve el Gran Hermano, pues las pautas de comportamiento de los individuos no varían.

En otro orden de cosas, algo que llama poderosamente mi atención, y con esto concluyo, son las referencias “culturales” que encontramos en los nombres de los personajes de Huxley, por poca importancia que éstos tengan en la trama. Algunos ejemplos son el propio Bernard Marx (aúna los nombres de Bernard Shaw y Karl Marx), Lenina Crowne (Vladimir Lenin y Crown –segmento que hace referencia a la monarquía–), Mustafá Mond (Mustafá Kenal Atatürk y Sir Alfred Mond) o mismo Benito Hoover (Benito Mussolini y Herbert Hoover).

 

Dicho esto, y con muchas más cosas interesantes en las que no me he podido explayar, queda por decir que este libro es muy recomendable para toda aquella persona interesada en las relaciones sociales, la política, el modo de organización de la sociedad o, simplemente, para toda aquella persona a la que le guste leer, a quien le hará plantearse: ¿A qué debemos renunciar para que todo pueda ir bien?.>>

 

 

Esto es una crítica que escribí hace dos semanas para clase, y que no me dejaron presentar (esto quiere decir, mi profesor no la leyó) porque “el libro no estaba dentro de la lista que él había dado”. Por lo menos ahora tengo la oportunidad de que alguien lo lea. Sed felices! (Creo que en breves debería empezar a añadir fotos al texto, y no tanto blablablá)

[Este artículo ha sido modificado posteriormente, ya que rectificar es de sabios equivocados]

 

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….

12 noviembre 2008 at 0:50 (Uncategorized) (, )

Dejemos reposar la vida unos minutos. Congela el tiempo en tu mente hasta que el negro lo absorba todo…

Los recuerdos d tristes tardes de verano acuden a ese espacio, despacio. Tiempos en los que se cruzaban miradas cálidas. Hay melodías que evocan momentos de la vida: un instante, un olor… en fin, aquel incienso que tapaba el humo de tus drogas. Aprendiendo a formarte en la vida a base de sufrimiento, ya desde muy joven. Nunca sabes adónde irá a parar esto. Quién sabe. Puede que decidas no volver a subirte a lo alto de la colina desde donde se veía tu casa. Aquellos pequeños momentos de placer tienen un lugar en el recuerdo…

¿Piensas que has vivido?

Escuchando reggae tranquilamente en tu habitación, mientras a lo largo del mundo se están muriendo niños de hambre, se están haciendo realidad los problemas de los que tú solo oyes hablar en esas canciones-protesta. Tendría que haberte tocado vivir en otros tiempos, para tener la perspectiva del dolor como referente en tu visión del mundo…

Desperdicias tu agua, tu comida, tu tiempo. Desperdicias todos los derechos de los que goza una pequeña minoría en el mundo. Desperdicias tu derecho de paz. Desperdicias estar viviendo en una situación desde la que podrías ayudar a mucha gente con un poco de esfuerzo. La naturaleza humana es increíblemente egoísta, carece de empatía hacia situaciones ajenas.

Porque nunca te has sentado con los ojos cerrados, imaginando vivir en un barrio bombardeado cada día. Porque tu única meta el viajar hacia el sueño americano, emborracharte en Las Vegas y recorrer el desierto de Nevada en un descapotable como el de ese libro que leíste… no puede ser tu ídolo aquella persona… Dos millones de años de evolución desde el homo habilis, y lo único para lo que sirves es para ver la televisión y drogarte el fin de semana.

Deprimente. Al final, quien toma las iniciativas es la gente que ha pasado por dificultades de diferente índole en esta vida. Porque está claro que Paris Hilton ni se va a poner a construir un pozo en el Sahara ni va a montar un albergue al lado de su casa.

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King

11 noviembre 2008 at 0:47 (Libros) (, , , )

Es interesante imaginarse el proceso creativo que precede a toda buena novela, cuento o relato, pero más interesante aún es que el propio autor satisfaga esa curiosidad del lector al final del libro, explicando el motivo, la causa primigenia que desencadena en su cerebro la idea de la historia que plasmará en el papel, la primera imagen de la situación -ficticia o no- que se dispone a escribir. Y esto es lo que ha hecho Stephen King.

Es la novela terrorífica por antonomasia. situaciones ficticias que tienen como objetivo remover lo más profundo de la conciencia del lector salen de de la mente del escritor, al que no le importa implicar en su proceso creativo a los lectores interesads, detallando para ellos momentos en los que le sobrevienen las ideas de sus relatos. 

Por ejemplo, en Superviviente narra la supervivencia in extremis de un cirujano narcotraficante que se encuentra en una isla (aunque este no sea el término más adecuado) desierta sin comida, con un montón de cerillas, dos cuchillos y dos kilos de heroína pura. En las Notas del final del libro, King explica que se le ocurrió porque un día estaba pensando en el canibalismo (“que es el tipo de cosas en que piensan los chicos como yo”, aclara) y se preguntó si sería posible que una persona se comiera a sí misma, pregunta que trasladó a un médicoconocido suyo. Reproduzco el párrafo porque para mí ha sido significativo:

Vivíamos entonces en Bridgton y me pasé una hora conversando con Ralph Drews, un médico retirado que ocupaba la casa antigua. Aunque al principio no dejó de mirarme lleno de recelos (el año anterior, mientras escribía otro cuento, le había preguntado si era posible que un hombre se tragara un gato), finalmente convino en que un hombre podría subsistir durante algún tiempo comiéndose a sí mismo. Como todo lo material, señaló, el cuerpo humano no es más que energía acumulada. Ah, le pregunté, ¿y qué hay del continuo shock traumático de las amputaciones? La respuesta a la pregunta es, con algunos cambios, el primer párrafo de la historia.

Así la mente creadora comparte con el lector el proceso en el que se fragua la idea del cuento, escrito por cierto en forma de diario, haciendo alarde de una humildad de la que no todos son capaces. Así es como desvela algunos de sus secretos. Nos acerca a su mente, dejando de ser una figura distante por la que no sentimos más que admiración porque no sabemos de qué tipo de “mente enferma” pueden estar saliendo esas fantásticas (y morbosamente sádicas) ideas.

Recomiendo la lectura de Stephen King y he de decir que lo admiro. Por último, me queda reproducir -para satisfacer alguna posible curiosidad- el primer párrafo de Superviviente, para dar por concluída esta especie de homenaje -sí, podríamos llamarlo así- al autor:

Más tarde o más temprano, la pregunta surge siempre en la carrera de un médico: ¿Hasta qué punto puede un paciente soportar un shock traumático? Según las teorías, hay diferentes respuestas, pero, básicamente, la contestación esencial es otra pregunta: ¿Hasta qué punto el paciente quiere sobrevivir?

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