Las fotografías de la vergüenza

10 diciembre 2008 at 23:28 (Uncategorized)

Abro el suplemento semanal de La Voz de Galicia por una página al azar y cae un pequeño panfleto de Médicos Sin Fronteras. “Ahora, lo primero es salvar vidas”, “Hazte socio” “En nombre de las personas que recibirán tu ayuda, muchas gracias”, y quince slogans más de las mismas características. La primera pregunta que me hago es: ¿por qué el resto del año no encuentro hojas de filiación como estas en mi suplemento? ¿Utilizan el sentimiendo navideño, esa milagrosa caridad vacacional, para captar financiamiento las ONG’s? Entonces, antes de empezar a contestarme a mí misma… espera… un momento… yo recuerdo que… vamos a mirar… ya está. El mismo suplemento, del mismo periódico, dos números antes. Página 18, el título: “Chad: Las fotografías de la vergüenza”. A través de 16 páginas hacemos un recorrido terrorífico por uno de los lugares de la Tierra más olvidado de la mano de… las personas. El campo de refugiados de Iridime, situado en las inmediaciones de la frontera del Chad con Sudán, representa el lado oscuro de una de las organizaciones humanitarias más importantes del mundo: Médicos Sin Fronteras. Allí niños y ancianos moribundos pueblan los rincones, la inanición es la primera causa de muerte, el hambre hace mella entre la población. El campo de refugiados corre a cargo de MSF, y gracias a las fotografías de Álvaro Ybarra Zavala podemos denunciar que enfermos mentales en grave proceso de desnutrición se encuentran encadenados a las paredes de algunas casas, y nadie hace nada por evitarlo.

Sólo necesitamos una pequeña reflexión sobre el mundo que nos rodea, porque a veces olvidamos que existe.

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La vuelta.. definitiva

9 diciembre 2008 at 3:18 (Uncategorized) (, , )

Se levantó y se suicidó. No es para tanto… cosas más horribles pasan todos los días. Es más grave cuando a uno lo matan sin su consentimiento, o cuando muere por accidente. ¿Qué más pedir que tener derecho a decidir en qué momento se acaba tu vida? Tomar tus propias decisiones, entonces eso sí que se convierte en algo importante. Además, él ya no tenía nada que hacer… su vida había perdido todo sentido, su existencia era inútil. Pasaba los días sumido en sí mismo, en una vida que nada tenía de excitante, no ayudaba a los demás, no aportaba nada a la sociedad a la que pertenecía, y nunca se esforzó en encontrar un lugar en el mundo al que aportar algo. Terminó los estudios sin haber estudiado, cobró un sueldo fijo sin apenas trabajar, vistió su vida de drogas y nunca, nunca, buscó el reconocimiento de nadie. Pero a su alrededor todo iba mal, y él lo veía. Vio que su mundo no pertenecía a la realidad, que vivía en una burbuja de oxígeno dentro de un mundo que se estaba desintegrando. Intentó escribirlo pero las palabras no acudieron en su ayuda. Se vio morir, se sintió inútil. Sabía que su rutina lo aislaba de todo cuanto sucedía a su alrededor, y que televisiones y medios de comunicación intentaban en vano, todos los días, abrirle los ojos; pero él nunca hizo caso; y se dio cuenta cuando ya sabía que era demasiado tarde para querer cambiarlo. Millones de personas se morían todos los días y nunca se molestó en intentar hacer algo, averiguar las causas o encontrar las soluciones. No lo hizo, aun sabiendo que podía. Porque, cuando se quería dar cuenta, ya llevaba seis horas tirado en la hierba, viendo pasar la gente. Algunos lo llamarán arte, pero él lo llamaba vacío, desolación. No tuvo fuerzas para remediarlo. La bala que entró por su boca y salió por su cráneo fue la mejor respuesta que encontró a las preguntas que la Humanidad se lleva haciendo desde que ha tomado conciencia de sí misma.

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